
La persona que se oculta (aunque sin demasiado afán, esa es la verdad) tras la máscara de Poquetacosa es un lector tardío pero, como diría mi abuela, "acertao". En realidad siempre me ha gustado leer, pero era un lector perezoso y poco regular. A mi generación la han marcado mucho las "lecturas obligadas" del instituto y el resultado ha sido demasiada gente que no tocaría un libro ni usando un palo largo. Y eso, permitidme la expresión, es una jodida lástima; no deja de resulta paradójico que hayan sido precisamente las obras cumbre (El Quijote, La Celestína, etcétera) de la literatura española, las que más lectores potenciales españoles han espantado. Afortunadamente, en épocas relativamente recientes han llegado Dan Brown y compañía para salvar la situación. Lo cual nos demuestra más allá de toda duda que no tenemos término medio. Yo, afortunadamente salí razonablemente bien parado de todo esto pero aún así empecé a leer en serio en un momento de mi vida relativamente tardío. Con 17 años, me marchaba a cumplir mi glorioso deber para con la Patria; como el tren tardaba en salir y el viaje era largo, entré en una librería y me compré
Carrie de Stephen King; este libro constituyó mi némesis, mi insolación camino de Damasco. Cuando de madrugada llegué a mi destino y un sargento enorme se puso a pegarme voces, yo ya había terminado de leer las aventuras de la extraña chica que solo quería ser normal y el gusanillo me había picado. Desde entonces el hecho de leer se ha transformado para mí en una adicción que roza lo patológico. Si me alejo de casa durante más de tres o cuatro horas, normalmente me siento incómodo si no tengo un libro a mano, aunque sea en el maletero del coche. Si no tengo nada mejor me leo hasta los prospectos de los medicamentos y los manuales de los electrodomésticos. La amplitud de mis gustos en literatura es comparable a mi voracidad lectora y solo me han tirado para atrás libros realmente malos o realmente duros de roer.
El que un yonki de la literatura como yo empiece a aspirar a crearla es solo cuestión de tiempo así que desde hace tiempo, de vez en cuando me permito torturar a mis familiares y allegados con algún cuento corto con el mezquino fin de masajearme el ego, tarea que ellos llevan a cabo religiosamente. Algunos de estos relatos, junto con los comentarios de algunos de los libros que leo, constituirán el contenido de este apartado literario de Poquetacosa.
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